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Después de generaciones de mingas, gestiones y espera, el Resguardo Indígena Awá El Gran Sábalo inauguró el primer tramo de placa huella del Camino Grande: 600 metros que marcan el comienzo material de una aspiración histórica del pueblo ɨnkal Awá.
El 28 de mayo de 2026 fue inaugurado el primer tramo de placa huella del Camino Grande, en el Resguardo Indígena Awá El Gran Sábalo, municipio de Barbacoas, Nariño. La obra, de 600 metros, fue ejecutada mediante el programa Caminos Comunitarios de la Paz Total, impulsado por el Gobierno Nacional durante la administración del presidente Gustavo Petro Urrego.
La inauguración reunió a autoridades, consejeros y consejeras de la Unidad Indígena del Pueblo Awá (UNIPA), delegaciones de las comunidades de Agua Clara, Violín Arenal, El Sábalo y otras comunidades del resguardo. También participaron representantes de otros resguardos Awá filiales a la UNIPA e instituciones del Estado.
Este primer tramo constituye un avance histórico para las comunidades, que durante muchas generaciones han enfrentado grandes dificultades para transportar alimentos, medicamentos, materiales de construcción, herramientas, productos y personas por caminos de selva. La obra no resuelve toda la necesidad de conectividad, pero representa la primera intervención de esta naturaleza que comienza a materializarse en una de las regiones más apartadas del territorio.
De acuerdo con la información conocida por las autoridades del resguardo, el Gobierno Nacional prevé priorizar una segunda fase de un kilómetro. Mientras se formalizan los componentes técnicos, administrativos y presupuestales, esta proyección representa una posibilidad importante de continuidad para el Camino Grande.
Un proceso de gestión y trabajo comunitario
El Camino Grande tiene un antecedente amplio de trabajo comunitario y gestión institucional. Las comunidades, las autoridades del resguardo, las asociaciones de resguardos y la UNIPA han expuesto en diferentes escenarios la necesidad de mejorar la conectividad del territorio y garantizar condiciones más dignas de movilidad.
Esta incidencia se ha desarrollado mediante reuniones, solicitudes, mingas, movilizaciones pacíficas y espacios de diálogo con entidades locales, departamentales y nacionales. En estos escenarios se han visibilizado el aislamiento de las comunidades, las dificultades para acceder a derechos y el complejo contexto territorial.
Al mismo tiempo, las comunidades han realizado trabajos directos para abrir, acondicionar y mantener el Camino Grande. Después de la apertura con maquinaria realizada a inicios de 2018 por iniciativa comunitaria, se continuó organizando mingas para limpiar pasos, construir banqueos y afirmar las bases con piedra y arena, utilizando carretas, herramientas disponibles y transporte a hombro.
Estos trabajos se han sostenido mediante esfuerzos e iniciativas de las comunidades, recursos priorizados por el resguardo y gestiones para obtener respaldo institucional. Aunque durante años muchas propuestas quedaron consignadas en actas y documentos sin llegar a materializarse, las comunidades y sus autoridades mantuvieron la gestión y continuaron trabajando de acuerdo con sus posibilidades.
La ejecución de los 600 metros es resultado de esa insistencia acumulada y de la decisión del Gobierno Nacional de convertir una propuesta histórica en una obra concreta. El avance se entiende como un proceso compartido: parte de las iniciativas desarrolladas en el territorio y se fortalece cuando las instituciones responden con inversión, planeación y continuidad.
Este proceso también reconoce a los mayores, mayoras, autoridades tradicionales, gobernadores, consejeros, lideresas, líderes, jóvenes y familias que participaron en las mingas y en las gestiones institucionales. Algunas de las personas que durante años acompañaron este esfuerzo y mantuvieron la esperanza de ver materializado el Camino Grande ya no se encuentran entre nosotros y no alcanzaron a presenciar el inicio ni la inauguración de la obra. Entre ellas se recuerda a quienes, ante una emergencia de salud, tuvieron que enfrentar las demoras y dificultades del traslado desde el territorio hasta la vía principal, en medio de las precarias condiciones de conectividad.
El Camino Grande, una ruta estratégica para el territorio Awá
El Resguardo Indígena Awá El Gran Sábalo se encuentra en el municipio de Barbacoas, departamento de Nariño, en una región de selva cercana a la frontera entre Colombia y Ecuador. El acceso principal comienza en el sector del kilómetro 88 de la vía Panamericana Pasto–Tumaco.
Desde ese punto hasta la comunidad El Sábalo se recorren aproximadamente 20 kilómetros. Debido a la geografía, las condiciones del camino y el peso de las cargas, el trayecto puede tomar entre nueve y diez horas cuando se transportan remesas, materiales u otros elementos necesarios para la comunidad.
Por este mismo corredor ancestral ingresan los equipos, insumos y medicamentos necesarios para la prestación de los servicios de salud; las misiones médicas; los materiales para la construcción, adecuación y mantenimiento de la infraestructura comunitaria; las dotaciones, mobiliarios, los equipos y los elementos destinados al fortalecimiento de la Institución Educativa Indígena Awá El Gran Sábalo; los alimentos e insumos del Programa de Alimentación Escolar; los materiales para proyectos comunitarios, productivos, ambientales y de fortalecimiento organizativo; así como todos aquellos bienes, herramientas, equipos y suministros indispensables para el desarrollo integral de las comunidades del resguardo.
La dificultad del acceso incrementa los costos, limita la cantidad de elementos que pueden transportarse y condiciona la frecuencia con la que las instituciones pueden llegar al territorio.
El recorrido no termina en El Sábalo. Desde allí continúan rutas hacia La Guaña, Corozal, Pizde y otras comunidades del Resguardo Indígena El Gran Sábalo y del territorio ɨnkal Awá. Algunas se encuentran a uno o dos días adicionales de camino, por lo que la necesidad real de conectividad comprende muchos más kilómetros que los existentes hasta El Sábalo.
El camino es utilizado diariamente por familias, estudiantes, docentes, autoridades, personal de salud y demás personas que se desplazan entre las distintas comunidades del territorio.
Las dificultades del trayecto también han tenido consecuencias graves para las familias. Las comunidades recuerdan situaciones en las que se han perdido vidas durante recorridos motivados por emergencias de salud, entre ellas partos con complicaciones, enfermedades de niños y niñas y otros casos que requerían atención médica urgente. La duración del camino y la ausencia de medios de transporte adecuados reducen las posibilidades de recibir atención oportuna.
En temporada de lluvias, la movilidad se dificulta aún más por el lodo, las crecientes, los deslizamientos y el deterioro de algunos pasos. Estas condiciones aumentan los tiempos de recorrido, elevan los costos de transporte y limitan la ejecución de proyectos en las comunidades.
Sin vías no hay transformación territorial
La falta de vías adecuadas reduce las posibilidades de desarrollo y encarece cualquier intervención pública o comunitaria. La construcción de una escuela, una vivienda, un puesto de salud, un sistema de agua o un proyecto productivo requiere mayores recursos cuando todos los materiales deben transportarse durante largas jornadas a pie.
En algunas ocasiones, proyectos de construcción y otras iniciativas previstas para las comunidades no han podido avanzar, se han retrasado o se han perdido por las dificultades de acceso, los sobrecostos del transporte y la imposibilidad de ingresar materiales, maquinaria o equipos. De esta manera, la falta de conectividad afecta la movilidad diaria y frena inversiones necesarias para mejorar las condiciones de vida digna.
La inversión vial también influye en la atención de emergencias, el acceso a la educación, la movilidad del personal institucional y la ejecución de obras y proyectos en el territorio. Una vía en mejores condiciones puede reducir tiempos, costos y riesgos, y facilitar la continuidad de proyectos que de otra manera resultan difíciles de ejecutar.
Por ello, la conectividad debe entenderse como una condición necesaria para cerrar brechas históricas. Sin inversión sostenida en las vías es difícil garantizar servicios básicos, desarrollar infraestructura y generar cambios duraderos en los territorios.
Las dificultades de estas regiones no pueden reducirse a los problemas de seguridad. También responden a déficits históricos de infraestructura, educación, salud, agua, comunicaciones, oportunidades para el desarrollo y presencia institucional permanente.
La transformación de estas realidades requiere inversión social, infraestructura y políticas públicas construidas con las comunidades. El mejoramiento del Camino Grande debe realizarse con planeación técnica, de acuerdo con las condiciones geográficas del territorio, considerando nuevos tramos de placa huella, puentes, manejo de aguas, estabilización de puntos críticos y mantenimiento periódico.
Una deuda histórica que comienza a ser atendida
La obra inaugurada no resuelve todos los problemas de conectividad del territorio. Sin embargo, representa una respuesta concreta a una necesidad histórica de las comunidades Awá y un avance en el cumplimiento de derechos.
Frente a un trayecto de aproximadamente 20 kilómetros hasta El Sábalo, que además continúa hacia otras comunidades, los 600 metros inaugurados representan una intervención inicial y todavía limitada. Su importancia radica en que constituye una obra concreta en un territorio donde durante años muchas propuestas no pasaron de documentos, reuniones o compromisos sin ejecución.
Las autoridades y comunidades del Resguardo Indígena El Gran Sábalo expresan un reconocimiento especial al Gobierno Nacional por la priorización y ejecución de los primeros 600 metros y por la proyección de una segunda fase de un kilómetro. La materialización de esta primera obra durante la administración del presidente Gustavo Petro Urrego ha renovado la esperanza de las comunidades y ha demostrado que es posible comenzar a transformar estas condiciones cuando existe voluntad política, inversión pública y coordinación con las autoridades territoriales.
Esta primera obra representa un avance importante y plantea la necesidad de que las próximas administraciones den continuidad al proceso. También se reconocen las gestiones realizadas en años anteriores por autoridades indígenas, asociaciones de resguardos, la UNIPA y distintas instituciones. Cada reunión, solicitud, recorrido, minga y propuesta contribuyó a mantener vigente la necesidad del Camino Grande hasta lograr la ejecución del primer tramo.
Un llamado a los gobiernos local, departamental y nacional
La inauguración deja un mensaje para las instituciones públicas: las necesidades de las comunidades indígenas deben reflejarse de manera efectiva en los planes de desarrollo, los presupuestos, los proyectos, los cronogramas y los mecanismos de seguimiento.
Los recorridos institucionales, los acuerdos programáticos y los compromisos públicos adquieren verdadero sentido cuando se convierten en decisiones verificables e inversiones concretas. La presencia de los gobiernos no debe limitarse a los periodos electorales, sino mantenerse durante todo el proceso de planeación, ejecución y evaluación de las políticas públicas.
La Alcaldía de Barbacoas, la Gobernación de Nariño y el Gobierno Nacional están llamados a aunar esfuerzos para dar continuidad al Camino Grande. La magnitud del recorrido supera la capacidad económica de las comunidades y del resguardo, por lo que requiere una actuación coordinada entre los distintos niveles de gobierno y las autoridades indígenas.
Se requieren nuevas fases de placa huella, mejoramiento de banqueos, construcción de puentes, obras para el manejo del agua, estabilización de puntos críticos y mantenimiento permanente. La continuidad de la inversión evitará que el primer tramo quede aislado o se convierta únicamente en una obra simbólica.
El impacto será mayor cuando el mejoramiento permita reducir los tiempos de recorrido y avanzar hacia las comunidades más apartadas. Por ello, el Camino Grande debe ser considerado un corredor estratégico para la educación, la salud, la producción, la comunicación, el gobierno propio y la permanencia de las familias en el territorio.
El avance alcanzado demuestra que el cambio es posible cuando existe voluntad institucional, planeación, presupuesto, seguimiento y coordinación con las comunidades. Las regiones históricamente marginadas no requieren únicamente diagnósticos sobre sus problemas: necesitan inversiones capaces de transformar las condiciones que los producen y los mantienen.
La inauguración de este primer tramo abre una nueva etapa para el Camino Grande. El reto consiste en mantener esta necesidad dentro de las prioridades institucionales y avanzar mediante decisiones, recursos y acciones coordinadas con las autoridades y comunidades del territorio. Para el pueblo ɨnkal Awá, la obra confirma que las condiciones históricas de aislamiento pueden comenzar a transformarse cuando los compromisos se convierten en inversiones concretas.
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